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Los contenidos de la carrera de Comunicación visual están incluidos en las innovaciones del proyecto de 1994, planteados por el profesor Rollié. Para crear nuevas materias y modificar las actuales, se tomaron como antecedente los cambios anteriores y las propuestas de esta última etapa desde el 94 hasta el 2006, elaboradas en la cátedra de CV “B” en base al trabajo docente y a cuestionarios aplicados en distintos momentos a egresados y alumnos. Para esto se analizó la historia de la carrera, los sucesivos cambios de planes de estudio, las modificaciones de los programas, la relación horizontal y vertical de la currícula y los distintos perfiles profesionales que de ellas se han desprendido.
En el sistema educativo actual, son innumerables los problemas que se presentan ya que el nivel de la educación superior ha sufrido un deterioro gradual en los últimos veinte años. Es necesario señalar los aspectos emergentes desde los cuales comenzar a superar el fenómeno. Las deficiencias de los niveles educativos previos, no se resuelven desde la sumatoria de materias, la multiplicación de los contenidos, o extendiendo los años de cursada de las carreras. Cuantitativamente no se da respuesta a esta situación, es desde la detección de los aspectos cualitativos que se pueden producir saltos de transformación. Recuperar el interés, la motivación, el compromiso con el saber, su validación social y los conocimientos previos, como una forma de comenzar a revertir la crisis actual. Hay algunos aspectos a contemplar como la inclusión de áreas que hacen al pensamiento y la reflexión y la interrelación entre las mismas. La formación conceptual y la creatividad implican reflexión, descubrimiento, innovación, crítica y acción, entonces trabajar este plano en la educación, puede abrir espacios de cambio. La relación educativa, es un aspecto que requiere compromiso para existir y dar sentido al hecho cotidiano de construir la tarea. Esta vinculación que se establece entre el docente y el alumno, si bien no escapa al marco general en que se inscribe, tiene dinámicas propias. Este vínculo es tal vez, uno de los más resentidos en los críticos últimos años, que estamos viviendo. La relación educativa, es un pacto entre el alumno y el docente. Es el vínculo que se contrae en el aula, que va construyendo el saber desde la experiencia y el contacto cotidiano. Conjuntamente, ejercita y arma el futuro, viviendo la educación como esa apuesta utópica, a un tiempo que vendrá. Es un tema que los pedagogos han estudiado y observado a lo largo de la historia, porque constituye un punto neurálgico, un puente en el proceso de enseñar y aprender. La sociedad va cambiando y por lo tanto también se transforma la educación, entonces las relaciones entre el que enseña y el que aprende se modifican. Con el paso del tiempo se han superado muchas prácticas que en otras épocas eran frecuentes, como el castigo corporal o verbal, la figura del maestro como el que todo lo sabe y la del alumno como una caja vacía que no contiene nada.
Analizando la situación actual se observa una marcada fragmentación del conocimiento vinculada a los niveles educativos anteriores y a la situación actual de la carrera, donde las materias están desvinculadas unas de otras y muchas son comunes con otras carreras, lo que en la actual situación no es recomendable mantener. Se detecta una necesidad de mayor formación teórica y conceptual que prepare al alumno para comprender la comunicación en su complejidad. Se encuentra en los egresados de las promociones de los años 90 una predominancia instrumental en la práctica profesional y en el imaginario sobre la carrera. También se pueden señalar deficiencias en la formación instrumental que plantean la necesidad de incorporar algunos temas como seminarios y ajustar asignaturas como las Tecnologías en su secuencia y actualización. En algunos casos es necesario reformular los contenidos mínimos de algunas materias y ajustar su didáctica; en otros cambiar esos contenidos mínimos y coherentizar su papel en el plan estudios.
Los modelos económicos de las ultimas décadas, con hegemonía neoliberal, impusieron necesidades tendientes a satisfacer un mercado competitivo, tecnicista, y sectorial. Han buscando resolver los intereses de sectores parciales de la sociedad, y de esta forma se fue orientando a las carreras de grado hacia perfiles acotados y se desestimó la formación integral del estudiante. En este marco la preparación técnica y las habilidades practicas, se presentan como suficientes. Los resultados se expresan en altos porcentajes de egresos de bajo nivel, respecto a parámetros anteriores a 1976. Esta deficiencia de procesos educativos satisfactorios, de planes de estudio emparchados, carecen de una estructura que garantice la formación de un perfil profesional con proyección y respuesta para las demandas del futuro, para plantear alternativas a los problemas de las grandes mayorías.
Estas orientaciones curriculares contradictorias, coexisten en nuestras universidades, y se visualizan como generalistas o especializadas, creando una dicotomía falsa, muchas veces enunciadas como excluyentes. Las viejas confrontaciones de teoría - práctica, como estas de generalidad- especialidad, no resuelven los problemas curriculares, porque son una distorsión simplista del problema. La cuestión se dirime en el saber disciplinar y una didáctica específica, que sinteticen el conjunto de conocimientos que conforma un perfil innovador, historizado y adaptado a un proyecto de país mas equitativo.
Las tendencias tecnocráticas que interpretan el rol de la educación y la planeación curricular, como una respuesta a las demandas del mercado, tienen antecedentes en los años 50, cuando se conformó como campo la Economía de la Educación, convirtiéndose en el referente del problema educación - profesión. Instalando formas de evaluación, orientaciones formativas y un lenguaje que aun hoy empleamos; gerenciamiento educativo, inversión educativa, eficiencia, resultado, profesión- empleo, escuela -mercado laboral, universidad- aparato productivo. Etc.
Este léxico está incorporado y no es un detalle, ya que contamina el imaginario curricular y crea un estilo de vivir lo académico y de debatir los problemas educativos. Desde sus inicios, esta corriente del desarrollo industrial, percibe a la educación como una inversión que debe ser rentable. Así, desde esa perspectiva economicista, la educación es un bien de consumo, que asigna una escala cuantitativa a los valores académicos, incluidos los sujetos que participan. De este modo, el sentido y la finalidad de la educación se convierten en objetos cuantificables de eficiencia o ineficiencia. Se dimensiona la productividad por encima de la formación integral del individuo, se valoran los resultados más que los procesos.
Replantear en la actualidad el perfil profesional de una carrera, nos pone en el desafío de desentrañar las consecuencias de esos modelos eficientistas, y buscar los antecedentes históricos de la profesión, su campo de aplicación, los distintos proyectos de formación implementados y desde ese conocimiento formular sus perspectivas futuras, en un marco social real. |